
Una caldera de gasoil parece una caja cerrada de la que sale calor, pero por dentro hace algo bastante sencillo: convierte el gasóleo del depósito en aire caliente y agua caliente mediante una combustión controlada. Entender cómo lo hace ayuda a detectar a tiempo cuándo algo no va bien.
El recorrido del gasóleo, paso a paso
- El depósito. El gasóleo C se almacena en un depósito, dentro o fuera de la vivienda. Su capacidad depende del tamaño de la instalación: los domésticos más habituales son de 1.000 a 2.000 litros.
- La línea y el filtro. El combustible viaja por un conducto hasta la caldera y, por el camino, pasa por un filtro que retiene el agua y las partículas sólidas. Es la pieza que más averías evita y la que más se descuida.
- La bomba y el inyector. Una bomba da presión al gasóleo y lo envía al inyector, que lo pulveriza: lo divide en miles de gotas diminutas para que pueda arder de forma homogénea.
- La cámara de combustión. Unos electrodos producen una chispa que prende esa niebla de gasóleo. La llama resultante es continua y controlada, y la cámara está construida para contenerla con seguridad.
- El intercambiador de calor. El calor de la llama no toca el agua directamente: calienta un intercambiador, y este transmite el calor al agua del circuito.
- La salida de humos. Los gases de la combustión se evacúan por un conducto independiente hacia el exterior. Su dimensionado y su estanqueidad son parte crítica de la instalación.
A partir de ahí, el agua caliente se reparte por el circuito de radiadores, se destina a agua caliente sanitaria, o ambas cosas.
Calefacción y agua caliente: ¿una caldera o dos aparatos?
Lo habitual en vivienda es que la misma caldera se encargue de las dos funciones. Pero existen instalaciones en las que están separadas: la calefacción en un aparato y el agua caliente sanitaria en otro, por ejemplo uno en el garaje y otro en la cocina. Ninguna de las dos opciones es mejor por sí misma: depende del consumo, del espacio disponible y de cómo se diseñó la instalación.
Qué determina que rinda más o menos
- La limpieza del circuito de combustible. Si al inyector no le llega gasóleo limpio y con presión, la pulverización empeora y la combustión pierde rendimiento.
- El estado del quemador y del intercambiador. Los depósitos de hollín actúan como aislante y hacen que parte del calor se escape por los humos en lugar de pasar al agua.
- La calidad del gasóleo. Los gasóleos aditivados generan menos residuos en el quemador.
- El tiro de la chimenea. Un conducto mal dimensionado o sucio altera la combustión.
Señales de que algo no funciona bien
- La caldera hace varios intentos antes de encender, o se bloquea y hay que rearmarla.
- El humo que sale por la chimenea es oscuro.
- Huele a gasóleo sin quemar.
- Consume más litros que otros años para el mismo uso.
En casi todos estos casos, lo primero que hay que revisar es el filtro.
Mantener la caldera en buen estado
El funcionamiento que acabamos de describir depende de que el gasóleo llegue limpio al quemador. Por eso conviene limpiar el filtro de gasoil al menos una vez al año y revisar el depósito. Puedes ver también el calendario de mantenimiento de la caldera.
Qué gasóleo usar
No todos los gasóleos rinden igual. Repsol Energy e+ y BiEnergy e10 incorporan aditivos que reducen los depósitos en el quemador. Si tienes dudas sobre cuál te conviene, te lo explicamos en nuestra guía de tipos de gasóleo de calefacción.
Pide tu gasóleo: gasóleo a domicilio en Madrid · 91 616 31 11.




